Napoleon
Napoleon —DeberÃa haber mandado barrer cuatrocientos o quinientos con un cañón —dijo Buonaparte—, y los demás aún seguirÃan corriendo en desbandada.
Durante todo el dÃa no se habló más que de aquella escena, que habÃa producido en él una de las más fuertes impresiones que jamás experimentara.
Buonaparte vio asà desarrollarse ante sus ojos los primeros acontecimientos de la Revolución Francesa. Asistió como simple espectador a las ejecuciones del 10 de agosto y a los asesinatos del 2 de septiembre; y después, viendo que no podÃa obtener ingreso en el servicio, decidió hacer un nuevo viaje a Córcega.
Las intrigas de Paoli con el gabinete inglés habÃan tomado, en ausencia de Buonaparte, tal cariz, que ya no era posible engañarse sobre sus proyectos. Una entrevista que el joven teniente y el anciano general tuvieron en casa del gobernador de Corte, terminó con una ruptura de relaciones entre los dos antiguos amigos que no volverÃan a verse ya, más que en el campo de batalla. Aquella misma noche, un adulador de Paoli quiso hablar mal del joven Buonaparte para ganarse su consideración.
—¡Silencio! —exclamó el general llevándose el dedo a los labios—; ese joven valeroso es como los de antes.