Napoleon
Napoleon Muy pronto Paoli levantó abiertamente la bandera de la rebelión. Nombrado por los partidarios de Inglaterra, el 26 de junio de 1793, generalísimo y presidente de una consulta en Corte, fue declarado fuera de la ley por la Convención nacional el 17 de julio siguiente. Buonaparte se había marchado ya de Córcega al habérsele admitido su ingreso en el servicio activo tantas veces antes solicitado. Nombrado comandante de la guardia nacional, que se hallaba en la flota del almirante Truquet, se ocupó durante este tiempo del fuerte de Saint-Étienne, que los vencedores tuvieron que evacuar muy pronto. Al entrar Buonaparte en Córcega, encontró la isla sublevada: Salicetti y Lacombe Saint-Michel, individuos de la Convención encargados de hacer ejecutar el decreto expedido contra el rebelde, se habían visto obligados a retirarse a Calvi. Buonaparte fue en busca de ellos e intentó, aliándose con los dos, un ataque contra Ajaccio. Pero fue rechazado. Aquel mismo día se declaró un incendio en la ciudad; los Buonaparte vieron arder su casa y al poco tiempo un decreto los condenó a destierro perpetuo. El fuego los había dejado sin asilo, la proscripción sin patria; no les quedó más remedio que dirigir los ojos hacia el joven Buonaparte, el único capaz de salvar a la desdichada familia, y éste, a su vez, tuvo que fijar los suyos en Francia. Toda aquella pobre familia proscrita se embarcó en una frágil nave y el futuro César se hizo a la vela, protegiendo con su fortuna a sus cuatro hermanos, tres de los cuales debían ser reyes, y a sus tres hermanas, de las que una estaba destinada a ocupar un trono.