Napoleon
Napoleon En ese momento entra el representante del pueblo, Gasparin. Buonaparte habÃa oÃdo hablar de él, no sólo como verdadero patriota, leal e intrépido, sino también como hombre de sentido recto y de gran perspicacia. El futuro emperador de Francia se dirige a él y le dice:
—Ciudadano representante, soy jefe del batallón de artillerÃa. Por ausencia del general Dutheil y a causa de estar herido el general Dommartin, esta arma se halla bajo mi dirección, y pido que nadie intervenga en ella más que yo, pues de lo contrario no respondo de nada.
—¿Y quién eres tú para responder de alguna cosa? —pregunta el representante del pueblo, asombrado de oÃr a un joven de veintitrés años hablar con semejante tono y con tal seguridad.
—¿Quién soy? —replica Buonaparte, atrayendo a Gasparin a un rincón y hablándole en voz baja—; soy un hombre que sabe su oficio y que se halla en medio de personas que ignoran el suyo. Pedid al general en jefe su plan de batalla y veréis si tengo razón o no.
El joven oficial hablaba con tal convicción que Gasparin no vaciló un momento.
—General —dice acercándose a Cartaux—, los representantes del pueblo desean que dentro de tres dÃas les presentes tu plan de batalla.