El suicidio
El suicidio Sea como fuere que se explique esta influencia atribuida al calor, veamos si es real.
Se deduce de ciertas observaciones, que los calores demasiado intensos incitan al hombre a matarse. Cuando durante la expedición a Egipto aumentó el número de suicidios en el ejército francés, se imputó este crecimiento a la elevación de la temperatura. En los trópicos no es raro ver a los hombres precipitarse bruscamente en el mar, cuando el sol lanza verticalmente sus rayos. El doctor Dietrich cuenta que en un viaje alrededor del mundo, realizado entre 1844 y 1847, el conde Charles de Gortz observó un impulso irresistible, que denominó the horrors, entre los marineros de la tripulación y que describe así: «El mal —dice— se manifiesta generalmente en la estación de invierno, cuando los marineros, tras una larga travesía, bajan a tierra y se colocan sin precaución alguna alrededor de una estufa ardiendo entregándose, según es costumbre, a excesos de todo género. Cuando vuelven a bordo se manifiestan los síntomas del terrible horror. Los afectados se arrojan al mar impulsados por un poder irresistible, aunque el vértigo les sorprenda en medio de sus tareas, en lo alto de los mástiles o durante el sueño, del que los enfermos despiertan violentamente y lanzando gritos horrorosos». Se ha observado también que el siroco, que no puede soplar sin que haga un calor asfixiante, tiene sobre el suicidio una influencia análoga[87].