El suicidio
El suicidio Sin embargo, el fenómeno no depende sólo del calor; el frío violento obra de la misma manera. De ahí que, durante la retirada de Moscú, nuestro ejército se viera diezmado por numerosos suicidios. No deben invocarse estos hechos para explicar, como suele hacerse, que las muertes voluntarias suelen ser más numerosas en verano que en otoño y en otoño que en invierno, pues lo único que hemos deducido es que las temperaturas extremas, sean cuales fueren, favorecen el suicidio. Parece natural, por lo demás, que los excesos de todo tipo, los cambios bruscos y violentos en el medio físico, turben el organismo, desconcierten el juego normal de las funciones y generen delirios que pueden desembocar en el suicidio si nada lo evita. Sin embargo, no hay analogía alguna entre estas perturbaciones excepcionales y anormales y los cambios graduales de la temperatura anual. Para resolver la cuestión habrá que realizar, pues, análisis estadísticos.
Si la temperatura fuera la causa fundamental de las oscilaciones que hemos comprobado, el suicidio debería variar regularmente y no lo hace. Hay muchos más suicidios en primavera que en otoño, aunque haga más frío: