El suicidio
El suicidio Nuestra definición no sólo previene las aproximaciones engañosas o las exclusiones arbitrarias, sino que nos permite hacernos una idea del lugar que ocupan los suicidios en el conjunto de la vida moral. Muestra que los suicidios no constituyen, como pudiera creerse, un conjunto independiente, una clase aislada de fenómenos monstruosos sin relación alguna con otras modalidades de la conducta a las que, de hecho, les ligan una serie continua de relaciones intermedias; en el fondo, no son más que una forma exagerada de prácticas usuales. Decimos que hay suicidio cuando la víctima, en el momento en que realiza el acto que debe poner fin a su vida, sabe con toda certeza lo que sería normal que pasara. Esta certeza puede ser más o menos firme. Matizadla con algunas dudas y obtendréis un hecho nuevo que ya no es un suicidio pero se le parece mucho, puesto que sólo le separan de aquel diferencias de grado. Un hombre que, conscientemente, se expone por otro sin tener la certeza de un desenlace mortal no es un suicida ni en el caso de que llegue a sucumbir, y lo mismo ocurre con el imprudente que juega con la muerte, intentando evitarla, o con el apático al que no le interesa nada y no cuida su salud o la compromete con su negligencia. Estas formas de obrar no son radicalmente distintas a los suicidios propiamente dichos; proceden de análogos estados de espíritu, puesto que conllevan un riesgo de muerte que los agentes no ignoran y que no les detiene. La diferencia estriba en que las probabilidades de morir son menores. De ahí que tenga algún fundamento que se diga que el sabio que trabaja incesantemente se está matando a sí mismo. Todos estos hechos son especies embrionarias de suicidio y, aunque metodológicamente no convenga confundirlas con el suicidio llevado hasta el final, no debemos perder de vista lo cerca que están de él. El suicidio aparece bajo una luz distinta cuando reconocemos que se llega a él, sin solución de continuidad, a través de actos de valor y de abnegación por una parte y, por otra, de acciones imprudentes o negligentes. En las páginas que siguen veremos lo interesantes que resultan estas relaciones.