El suicidio

El suicidio

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Del hecho de que pueda tener lugar entre individuos a los que no une vínculo social alguno se deduce que la imitación es un fenómeno puramente psicológico. Un hombre puede imitar a otro sin solidarizarse con él o sin ser miembro de un grupo social del que ambos dependan igualmente, y la propagación imitativa no tiene, en sí misma, la capacidad de unirlos. Un estornudo, un movimiento coreiforme, un impulso homicida, pueden transferirse de un sujeto a otro sin que se dé entre ellos más vínculo que una aproximación fortuita y pasajera. No es necesario que exista entre ellos comunidad intelectual o moral alguna, ni que intercambien servicios, ni siquiera que hablen la misma lengua. Además, tras la transmisión, los individuos se encuentran tan ligados uno a otro como antes. En resumen, el procedimiento del que nos valemos para imitar a nuestros semejantes es el mismo del que nos servimos para reproducir los ruidos de la naturaleza, las formas de las cosas, los movimientos de los seres. Y así como no hay nada de social en estos casos, tampoco lo hay en la imitación. Tiene su origen en ciertas propiedades de nuestra vida representativa, que no resultan de influencia colectiva alguna. Si llegamos, pues, a establecer que contribuye a determinar la tasa de suicidios, resultará que estos dependen directamente, total o parcialmente, de causas individuales.



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