El suicidio
El suicidio La serie de errores a los que se está expuesto se concibe fácilmente cuando se reúnen, bajo una denominación única, dos órdenes de hechos tan diferentes. Hay que tener cuidado cuando se habla de imitación, pues se sobreentiende que es un fenómeno de contagio y se pasa de la primera de estas ideas a la segunda con la más extremada facilidad. Pero ¿qué hay de contagioso en el hecho de cumplir un precepto moral, de someterse a la autoridad de la tradición o de la opinión pública? Resulta así que, en el momento en que se cree haber reducido a una sola dos realidades, no se ha hecho más que confundir dos nociones muy diferentes. Según los biólogos, una enfermedad es contagiosa cuando se debe, en todo o en parte, al desarrollo de un germen que se ha introducido desde fuera en el organismo. Pero, en sentido inverso, y en la medida en que este germen no ha podido evolucionar sino gracias al concurso activo del terreno sobre el que se ha forjado, la palabra contagio resulta inadecuada. Por la misma razón, para que un acto pueda atribuirse a un contagio moral, no basta con que la idea de realizarlo nos la haya inspirado un acto semejante; es preciso además que, una vez que la idea se haya apoderado del espíritu, se transforme por sí misma y de un modo automático en movimiento. Entonces es cuando hay realmente un contagio, puesto que es el acto externo el que, penetrando en nosotros bajo la forma de una representación, se reproduce por sí mismo. Hay, igualmente, imitación, porque el acto nuevo es todo lo que es en virtud del modelo del que está copiado. Pero si la impresión que este último suscita en nosotros no puede producir sus efectos sino gracias a nuestro consentimiento y participación, no podemos hablar de contagio salvo en un sentido metafórico, y la metáfora es inexacta. Porque las razones que nos han hecho consentir son las causas determinantes de nuestra acción, no el ejemplo que hemos tenido a la vista. Nosotros mismos somos los autores del acto, aun cuando no lo hayamos inventado[105]. En consecuencia, todas estas teorías sobre los hechos repetitivos, la propagación imitativa, la expresión contagiosa, están fuera de lugar y deben ser rechazadas; desnaturalizan las realidades en vez de dar cuenta exacta de ellas, velan la cuestión en lugar de esclarecerla.