El suicidio
El suicidio Desgraciadamente, no podemos realizar una clasificación morfológica de los suicidios, ya que carecemos de documentación para ello. En efecto, para intentarlo habría que contar con buenas descripciones de un gran número de casos concretos. También habría que saber en qué estado psíquico se encontraba el suicida cuando tomó la decisión, cómo preparó el suicidio, cómo lo ejecutó, si estaba agitado o deprimido, en calma o entusiasmado, irritado o ansioso… Sólo contamos con datos de este género en algunos casos de suicidios vesánicos gracias a las observaciones recogidas por los alienistas, que nos han permitido definir los principales tipos de suicidio determinados por la locura. Carecemos de información en los demás casos. Brierre de Boismont ha sido el único que ha intentado realizar este tipo de trabajo descriptivo en 1328 casos, en los que el suicida dejó cartas o notas; el autor lo resume en su libro. Pero, por lo pronto, este resumen es en extremo sumario. Además, las confidencias que nos hace el sujeto a consecuencia de su estado suelen ser insuficientes, cuando no sospechosas. El paciente es demasiado propenso a equivocarse sobre sí mismo y sobre la naturaleza de sus disposiciones y puede imaginar, por ejemplo, que obra con sangre fría cuando se encuentra en la cumbre de la sobreexcitación. Aparte de la falta de objetividad, el estudio de Boismont se refiere a un número de casos demasiado exiguo como para que puedan deducirse de ellos conclusiones precisas. Apreciamos en estas confidencias algunas líneas muy vagas y sabremos utilizar con provecho las indicaciones que deriven de ellas, pero son demasiado indefinidas como para constituir la base de una clasificación regular. Por lo demás, teniendo en cuenta la forma en que se producen la mayoría de los suicidios, parece imposible hacer observaciones exactas.