El suicidio
El suicidio Es cierto que este método tiene el defecto de diversificar los tipos sin concretarlos. Puede establecer su naturaleza y su número, pero no sus rasgos distintivos. Este inconveniente puede obviarse, al menos en cierta medida. Una vez que conozcamos la naturaleza de las causas, podemos intentar deducir de ellas la naturaleza de los efectos, describirlos y clasificarlos de golpe, puesto que bastará con referirlos a sus respectivos orígenes. Es verdad que si esta deducción no se basara en datos, podría acabar en combinaciones fantasiosas. Pero podemos esclarecerla con ayuda de algunos datos de los que disponemos sobre la morfología de los suicidios. Estos datos, en sí mismos demasiado incompletos e inciertos como para erigirse en principio de clasificación, podrán ser de utilidad cuando se establezcan los marcos clasificatorios. Nos mostrarán el sentido de la deducción y, al basarnos en ejemplos, podremos estar seguros de que las especies definidas no son imaginarias. De este modo, descenderemos de las causas a los efectos y complementaremos nuestra clasificación etiológica con una morfológica que servirá para comprobar la primera, y viceversa.