El suicidio
El suicidio Con todo, no servirá de nada que cada cual estime justa la jerarquía de las funciones tal como está fijada por la opinión pública si no se considera justa, al mismo tiempo, la manera en que se recluta al personal que desempeña esas funciones. El trabajador no está en armonía con su situación social si no está convencido de que tiene lo que debe tener. Si se cree capacitado para ocupar otra posición, la que tiene no puede satisfacerle. No basta que el nivel medio de las necesidades esté regulado por el sentir público; una reglamentación más precisa ha de fijar las condiciones de acceso de los particulares. Y, en efecto, no hay sociedad donde esta reglamentación no exista. Varía según los tiempos y los lugares. Antaño el nacimiento era el principio casi exclusivo de la jerarquización social. Hoy se mantiene otra desigualdad por nacimiento: la que resulta de la riqueza heredada y del mérito. En todas partes se busca el mismo objetivo de formas distintas. Y en todas partes se impone a los individuos por una autoridad que está por encima de ellos, es decir, por la autoridad colectiva. Porque no puede establecerse sin pedir a unos y otros sacrificios y concesiones en nombre del interés público.