El suicidio
El suicidio Y, sin embargo, estas disposiciones están tan arraigadas que la sociedad se ha hecho a ellas y se ha acostumbrado a considerarlas normales. Se repite sin cesar que el eterno descontento forma parte de la naturaleza del hombre, que siempre quiere avanzar, sin tregua ni reposo, hacia un fin indeterminado. La pasión del infinito se presenta a diario como un signo de distinción moral, siendo así que no puede producirse sino en el seno de las conciencias desordenadas que erigen en regla el desorden que sufren. La doctrina del progreso, a costa de lo que sea y lo más rápido posible, se ha convertido en dogma de fe. Pero, junto a estas teorías que celebran los beneficios de la inestabilidad, hay otras que, generalizando la situación de donde derivan, proclaman que la vida es mala, la acusan de ser más fértil en dolores que en placeres y de seducir al hombre con atractivos engañosos. Y como es en el mundo económico donde este desarraigo causa más estragos, es en él donde se cobra más víctimas.