El suicidio

El suicidio

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Incluso esta evaluación está infinitamente exagerada. Quételet no ha llegado a ella más que adjudicando arbitrariamente al promedio de los hombres cierta afinidad en la tendencia al suicidio y estimando la fuerza de esa afinidad atendiendo a manifestaciones que no se observan en el hombre medio, sino sólo en un pequeño número de sujetos excepcionales. Ha partido de lo anormal para determinar lo normal. Es cierto que Quételet creía escapar a esta objeción observando que los casos anormales, tanto en un sentido como en el contrario, se compensan y anulan mutuamente. Pero esta compensación sólo se da en el caso de caracteres que ostenta todo el mundo aunque en diversos grados como, por ejemplo, la talla. Cabría creer, en efecto, que los individuos excepcionalmente grandes y los excepcionalmente pequeños son casi igual de numerosos. El promedio de estas tallas exageradas debería ser igual a la talla ordinaria, de ahí que los cálculos sólo se realicen en base a ella. Pero sucede lo contrario cuando se trata de un hecho excepcional por naturaleza como la tendencia al suicidio. En este caso, Quételet sólo puede introducir artificialmente en el tipo medio un elemento que está fuera del promedio. Sin duda, como acabamos de ver, no lo encuentra sino extremadamente diluido, precisamente porque el número de individuos entre los que está fraccionado es muy superior a lo que debiera. Pero, por pequeño que sea el error, no deja de existir.


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