El suicidio
El suicidio De ordinario, cuando se habla de tendencias o pasiones colectivas, tiende a verse en esas excepciones metáforas y formas de hablar que no designan nada real, salvo una especie de promedio entre cierto número de estados individuales. No las queremos considerar cosas, fuerzas sui generis, que dominan las conciencias particulares. Tal es, sin embargo, su naturaleza, y esto es lo que las estadísticas sobre el suicidio demuestran brillantemente[289]. Los individuos que componen una sociedad cambian de un año a otro y, sin embargo, el número de suicidios es constante mientras la sociedad misma no cambia. La población de París se renueva con extrema rapidez; sin embargo, el porcentaje de París en el conjunto de los suicidios en Francia continúa siendo constante. Aunque basten algunos años para que el grueso del ejército se transforme por entero, el porcentaje de los suicidios militares sólo varía en una misma nación con extrema lentitud. En todos los países, la vida colectiva evoluciona al mismo ritmo en el curso del año: crece de enero a julio para menguar luego. Así, aunque los miembros de las diversas sociedades europeas pertenezcan a tipos medios muy diferentes, las variaciones estacionales y mensuales de los suicidios tienen lugar en todas partes según una ley idéntica. Del mismo modo, cualquiera que sea la diversidad de los humores individuales, la relación entre la tendencia de los casados al suicidio y la de los viudos y viudas es exactamente la misma entre los grupos sociales más diversos, por la única razón de que el estado moral de la viudez guarda en todas partes la misma relación con la constitución moral del matrimonio. Las causas que determinan el contingente de las muertes voluntarias en una sociedad, o en parte de una sociedad dada, deben ser independientes de los individuos, puesto que se manifiestan con la misma intensidad sean cuales fueren los sujetos particulares sobre los que ejercen su influencia. Se dirá que, siendo el género de vida siempre el mismo, tendrá los mismos efectos. Sin duda, pero también debemos explicar la constancia de ese modo de vida. Si se mantiene invariable, a pesar de los incesantes cambios en las vidas de quienes lo practican, no puede proceder de ellos totalmente.