El suicidio
El suicidio Estamos peor informados sobre las disposiciones del derecho romano primitivo. Los fragmentos de la Ley de las XII Tablas que tenemos no hablan del suicidio. Sin embargo, como este código estaba fuertemente inspirado en la legislación griega, es posible que contuviese prescripciones análogas. En todo caso Servio, en un comentario sobre La Eneida[323], nos hace saber que, según los libros de los pontífices, todo el que se hubiera ahorcado era privado de sepultura. Los estatutos de una cofradía religiosa de Lanuvium imponían la misma pena[324]. Según el analista Casio Hermina citado por Servio, Tarquino el Soberbio, para combatir una epidemia de suicidios, había ordenado poner en cruz los cadáveres de los suicidas y abandonarlos a los pájaros y animales salvajes[325]. La costumbre de no hacer funerales a los suicidas parece haber persistido, al menos en principio, porque el Digesto dice: Non solent autem lugeri suspendiosi nec qui manus sibi intulerunt, non tædio vitæ, sed mala conscientia[326].