El suicidio
El suicidio Pero si el suicidio se tipificó por esta razón, ¿no debemos deducir que su consideración como delito carece de fundamento? Parece, en efecto, que la critica científica no podría conceder el menor valor a estas concepciones místicas, ni admitir que hubiese en el hombre algo sobrehumano. En esta línea Ferri, en su Omicidio-suicidio, ha creído poder explicar toda prohibición del suicidio como una supervivencia del pasado destinada a desaparecer. El racionalista considera absurdo que el individuo pueda tener un fin fuera de sí mismo y deduce de ello que somos libres para prescindir de las ventajas de la vida en común renunciando a la existencia. Les parece que el derecho a la vida implica lógicamente el derecho a la muerte.
Pero en este argumento se deduce con ligereza el fondo de la forma; el sentimiento, de la expresión verbal a la que traducimos nuestro sentimiento. Por separado y en abstracto, los símbolos religiosos que expresan el respeto que nos inspira la persona humana no se adecuan a la realidad y es fácil probarlo. Pero de ello no se deduce que este respeto carezca de razón. El hecho de que desempeñe un papel preponderante en nuestro derecho y en nuestra moral debe prevenirnos contra semejante interpretación. En lugar de tomar al pie de la letra esta concepción, examinémosla, analicemos cómo se ha formado y veremos que, si bien la fórmula ordinaria es burda, no por eso deja de tener un valor objetivo.