El suicidio
El suicidio El culto al hombre es algo completamente distinto al individualismo egoísta del que hemos hablado antes como causa de suicidio. Lejos de desligar a los individuos de la sociedad y de todo objetivo que les supere, los une en un mismo pensamiento y los hace partícipes de una misma obra. Porque el hombre que se propone al amor y al respeto colectivos no es el individuo sensible, empírico, encarnado en cada uno de nosotros: es el hombre en general, la humanidad ideal, tal como la concibe cada pueblo en cada momento de su historia. Ahora bien, ninguno de nosotros lo encarna completamente, aunque ninguno le seamos completamente extraño. No se trata de centrar a cada sujeto en sí mismo y en sus propios intereses, sino de subordinarlos a los intereses generales del género humano. Este fin le saca fuera de sí mismo: impersonal y desinteresado, se cierne por encima de todas las personalidades individuales. Como todo ideal, sólo puede concebirse como superior y en control de lo real. Impera hasta sobre las sociedades, puesto que es el fin al que tiende la actividad social. Por eso no corresponde ya al individuo disponer de sí.