El suicidio
El suicidio De ahí que el suicidio se considere un acto inmoral, porque niega un principio esencial del culto a la humanidad. Se dice que el hombre que se suicida sólo se hace daño a sí mismo y que la sociedad no tiene por qué intervenir, en virtud del antiguo axioma Volenti non fit injuria. Eso es un error. Perjudica a la sociedad, porque se vulnera el sentimiento sobre el que reposan sus máximas morales más respetadas, el único vínculo entre sus miembros, que se consumiría si esta ofensa se tolerara con toda libertad. ¿Cómo podría conservar su eficacia si la conciencia moral no protestase cuando se lo viola? Desde el momento en que la persona es y debe ser considerada una cosa sagrada, de la que ni el individuo ni el grupo pueden disponer, ha de proscribirse todo atentado contra ella. Poco importa que el culpable y la víctima sean el mismo sujeto; el mal social que resulta del acto no desaparece por la única razón de que su autor sea el mismo que lo padece. Si, en general, el hecho de que se destruya violentamente una vida humana nos indigna como si fuera un sacrilegio, no deberíamos tolerarlo en ningún caso. El sentimiento colectivo perdería toda su fuerza.