El suicidio

El suicidio

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Suicidio maniático. Se produce como consecuencia de alucinaciones o concepciones delirantes. El enfermo se mata para escapar de un peligro o de una vergüenza imaginarios o para obedecer a una orden misteriosa que ha recibido de lo alto, etc..[20] Los motivos de este suicidio y su modo de evolucionar reflejan los caracteres generales de la enfermedad de la que deriva: la manía. Lo que distingue a esta afección es su extrema movilidad. Las ideas, los sentimientos más diversos y contradictorios se suceden con una extraordinaria ligereza en el espíritu de los monomaniacos; se trata de un perpetuo torbellino, apenas nace un estado de conciencia, otro lo reemplaza. Lo mismo ocurre con los móviles que determinan el suicidio maniático: nacen, desaparecen o se transforman con asombrosa rapidez. La alucinación o el delirio que llevan al sujeto a suicidarse aparecen de golpe. Pero, si el suicidio se queda en tentativa, por lo general el paciente no vuelve a intentarlo de nuevo y, si lo hace, será por un motivo distinto. El incidente más insignificante puede ocasionar estas transformaciones bruscas. Un enfermo que quería poner fin a sus días se había arrojado a un río poco profundo y buscaba un lugar donde sumergirse cuando un aduanero, sospechando sus designios, le apuntó a la cabeza y le amenazó con dispararle si no salía en seguida del agua. Inmediatamente nuestro hombre volvió pacíficamente a su casa, no pensando ya en matarse[21]. Suicidio melancólico. Se relaciona con un estado general de extrema depresión, de exagerada tristeza, que hace que el enfermo no aprecie seriamente los vínculos que tiene con las personas y cosas que le rodean. Los placeres carecen para él de atractivo, todo lo ve negro, la vida le parece un fastidio doloroso. Como es una disposición permanente, también lo es la idea del suicidio, que se convierte en una idea fija, y los motivos generales son siempre los mismos. Una muchacha, hija de padres sanos, tras haber pasado la infancia en el campo, se ve obligada hacia los catorce años a mudarse para completar su educación. En ese momento la invade un tedio inexplicable, un gusto pronunciado por la soledad; luego, un deseo de morir, que nada puede disipar. Permanece, durante horas enteras, inmóvil, con los ojos fijos sobre la tierra, con el pecho oprimido, en el estado de una persona que teme un acontecimiento siniestro. En su firme resolución de precipitarse al río busca los lugares más apartados para que nadie pueda acudir en su ayuda[22]. Sin embargo, al entender que el acto que trata de realizar es un crimen, renuncia a él temporalmente. Pero al cabo de un año vuelve a experimentar la inclinación al suicidio con más fuerza y las tentativas se repiten cada poco tiempo.

En esta disposición general suelen deslizarse alucinaciones e ideas delirantes que conducen directamente al suicidio. Sólo que no tienen la movilidad que hemos observado antes en los monomaniacos. Al contrario, son ideas fijas, como el estado general del que derivan. Los temores que torturan al sujeto, los reproches que se hace a sí mismo y los pesares que siente son siempre los mismos. Esta forma de suicidio viene determinada por razones imaginarias, como la maniática, pero se diferencia de ella por su carácter crónico, y muy persistente. Los enfermos de esta categoría preparan con calma su ejecución y despliegan en la persecución del fin propuesto una perseverancia y una astucia a veces increíbles. Nada se asemeja menos a este espíritu de continuidad que la perpetua inestabilidad del maniático, que sólo experimenta explosiones pasajeras, sin causas duraderas, mientras que la depresión es un estado constante, ligado al carácter general del sujeto.


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