El suicidio
El suicidio Se comprende que la neurastenia pueda predisponer al suicidio, pues el temperamento neurasténico tiende a considerarse predestinado al sufrimiento. Se sabe que el dolor, en general, resulta de un desequilibrio muy fuerte del sistema nervioso: una onda nerviosa demasiado intensa es frecuentemente dolorosa. Pero esta intensidad máxima, que marca el lÃmite del dolor, varÃa según los individuos, siendo más elevada en aquellos cuyos nervios son más resistentes y menor en los demás; estos últimos tienen un umbral del dolor más bajo. Al neurasténico toda impresión le causa malestar y todo movimiento, fatiga; sus nervios, como a flor de piel, vibran al menor contacto. La realización de las funciones fisiológicas, de ordinario las menos molestas, es para él una fuente de sensaciones generalmente desagradables. Es verdad que, a cambio, también tienen más bajo el umbral del placer, pues esta penetrabilidad excesiva de un sistema nervioso debilitado provoca excitaciones que no experimentarÃa un organismo normal. De ahà que acontecimientos insignificantes puedan ser para semejantes sujetos ocasión de placeres desmedidos. Parece que ganan por un lado lo que pierden por el otro y que, gracias a esta compensación, no están en peores condiciones que los demás para luchar. Pero no es asÃ: su inferioridad es real, pues las impresiones corrientes y las sensaciones que provocan las condiciones de la existencia media resultan demasiado intensas para ellos. Por eso su vida corre el riesgo de no ser lo suficientemente equilibrada. Cuando pueden retirarse y crearse un entorno especial, al que llegue atenuado el ruido exterior, suelen vivir sin sufrir demasiado. Los vemos huir frecuentemente de un mundo que les hace daño y buscar la soledad. Cuando se ven obligados a luchar, si no pueden defender cuidadosamente su delicadeza enfermiza de los choques con el exterior, tienen muchas probabilidades de experimentar más dolor que placer. Estos organismos son terreno abonado para la idea del suicidio.