El Matadero
El Matadero A partir de la llegada del joven unitario, el lenguaje del relato se vuelve elocuente y solemne. En ambos planos, por otra parte, el lenguaje del narrador –como afirma Noé Jitrik– se fusiona con el lenguaje de sus personajes. Las intenciones del autor se materializan en la obra literaria de modo complejo y no siempre los logros estéticos coinciden con ellas o con la ideología explicitada. En este relato la simpatía por el mundo que representa el unitario es evidente y sin mediaciones. Echeverría se mimetiza con él, aunque esto no ha de concebirse como una adhesión a la política unitaria, pues Echeverría siempre se distinguió de ésta en los hechos y en sus textos doctrinarios. No hay que olvidar que todo aquel que se oponía a Rosas era tildado de “salvaje unitario”, incluso los contrincantes provenientes de sus propias filas. Es revelador, además, cómo en este relato se muestra la imposibilidad de una síntesis entre esos dos espacios y cómo se inclina por uno de ellos, lo que demuestra, en realidad, las limitaciones de la visión romántica y la consideración simplificadora de Echeverría.