El Matadero
El Matadero La Ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año 37, que precede al Dogma socialista (1846), es, como su título lo indica, un exhaustivo análisis sobre la experiencia de una generación y una época llevada a cabo por uno de sus principales protagonistas. Hemos agregado este ensayo en la presente edición porque consideramos que su lectura es fundamental para reconstruir el momento histórico en que vivió Echeverría, así como para revisar sus ideas, proyectos y frustraciones. Se congregan en este escrito, desde la perspectiva histórica política y social del autor, sus proposiciones en el campo cultural, como, por ejemplo, el rol de conductor que asumió en el Salón Literario, que es una forma de organización cultural nueva en el Río de la Plata, a semejanza de los cenáculos románticos franceses. También son relevantes sus opiniones sobre literatura latinoamericana, que aparecen aquí vertidas en una refutación polémica al crítico español Alcalá Galeano. Echeverría manifiesta su oposición a la tradición española en tanto la concibe como expresión del despotismo colonial, así como su adhesión a la estética romántica de escritores españoles como Espronceda[11] y Larra. Reitera su posición en defensa del arte romántico y la literatura social como única posibilidad para expresar la realidad, americana y española. La “teoría del arte por el arte” –afirma– puede entenderse en Goethe, Walter Scott y hasta cierto punto en Hugo, porque ellos se insertan en otro contexto “donde el ingenio busca lo nuevo por la esfera ilimitada de la especulación”. Cree, además, que el modelo cultural seguido por España es también el de Francia, pero no depurado como en el Río de la Plata, sino desvirtuado, de ahí que no quede a América otra posibilidad que recurrir directamente a las fuentes. De todas maneras, no hay que olvidar que la aspiración de Echeverría en este terreno es la de una síntesis entre lo europeo y las necesidades nacionales. “Tendremos siempre un ojo clavado en el progreso de las naciones –dice en su ensayo sobre la Revolución del 48 en Francia– y el otro en las entrañas de nuestra sociedad”. Aspiración que de algún modo concreta en lo cultural, en la medida en que su obra se realiza como programa y búsqueda de una expresión nacional, pero que en el terreno político fracasa en tanto proyecto de unificar a todos los sectores económicos y políticos, como lo había ya propuesto en sus Lecturas del Salón Literario.