La Cautiva
La Cautiva Pero es en el prefacio a las Rimas, titulado “Advertencia” –que Juan María Gutiérrez consideró como “la primera clave de su doctrina literaria”–, donde Echeverría precisa mejor los objetivos que pretendía alcanzar con La cautiva. Expresa que su principal designio es “pintar algunos rasgos de la fisonomía poética del desierto”, y para no reducirla a lo meramente descriptivo coloca “dos seres ideales, dos almas unidas por el doble vínculo del amor y el infortunio”. Y asevera que ha elegido el desierto porque es “nuestro más pingüe patrimonio”, del cual no sólo hay que extraer “riquezas para nuestro engrandecimiento”, sino también “poesía para nuestro deleite moral y fomento de nuestra literatura nacional”. En tal sentido, se observa en el poema un mayor esfuerzo en la elaboración de cuadros y descripciones, aspecto que contribuye al carácter estático de los personajes, que apenas logran perfilarse como tales. Ángel Battistessa señala que, aunque correcta, no es pertinente considerar la endeblez psicológica de los personajes centrales, observada por varios críticos, ya que Echeverría sólo pretende presentar personajes arquetípicos, en el sentido de figuras representativas de valores genéricos y universales, constante que puede verificarse, además, en los poemas “Avellaneda” y “El ángel caído”.