La Cautiva

La Cautiva

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En la “Advertencia” se hace una efusiva afirmación de la originalidad en el uso del lengua­je, por el hecho de incorporarse “locuciones vulga­res”, y en la forma o metro elegido, que debe ser el que más se ajuste al pensamiento y no a las clasifi­caciones establecidas por los preceptistas neoclásicos. Se des­taca, además, la importancia del ritmo poético co­mo música o canto vital que hace posible que la poesía “cautive los sentimientos y obre con más efi­cacia en el alma”[5]. Hay que recordar, por otra parte, que Echeverría, tal vez por la influencia de lecturas de Herder y Schlegel, y de la cultura francesa pos­terior a 1830, tuvo un particular interés por la canción como expresión de carácter popular. Incli­nación que se remonta a su juventud, cuando con su guitarra frecuentaba los suburbios de Buenos Aires. Todas sus ideas sobre este aspecto están reu­nidas en su ensayo “Proyecto y prospecto de una colección de canciones nacionales” (1836). Si bien este cancionero no llegó a realizarse, es conocido el éxito que tuvieron muchos pasajes de La cautiva cantados con música de Pedro Esnaola. Félix Weinberg en su libro ya mencionado le dedica un capítulo[6] al estudio del tema, donde señala que “las canciones escritas por Echeverría son generalmente composiciones amatorias, tiernas, melancólicas” y da cuenta de la popularidad y el éxito que tuvieron en Buenos Aires en esos años previos al destierro de su autor. También que la difusión y la recepción popular de estas canciones, que eran usuales en fiestas y serenatas, llega hacia 1937 a Montevideo y, que aún durante el exilio de Echeverría, se siguen cantando en Buenos Aires en plena época de su enfrentamiento con Rosas. Curiosamente esa fama del poeta continúa en Buenos Aires y se llega a reeditar en esta ciudad Los consuelos (1842), con la aprobación de su autor, y una reedición “pirata” de Rimas en 1846. Dentro de los escritores de este momento de la realidad argentina es quizás Echeverría el que más definidamente encarna la figura del poeta, en la dimensión romántica de esta configuración en el modesto contexto literario del Río de la Plata de esos años. Digamos que en ese momento esta imagen alcanza un reconocimiento y una proyección más popular que la del ensayista y militante político. Paradójicamente, la crítica más canónica lo rescata literariamente por El matadero, obviamente un relato de gran originalidad y eficacia literaria, o por sus ideas políticas y desestima veladamente sus méritos líricos. Si bien la literatura para los escritores de este período histórico era concebida como un medio para entender y transformar la realidad política -cuyo paradigma es Sarmiento-, en el caso de Echeverría puede percibirse a lo largo de su vida una tensión entre la literatura y la política, que se manifiesta en una oscilación entre períodos de aislamiento voluntario para preservar la escritura poética y momentos de síntesis donde la política es el hilo hegemónico de su producción y accionar.


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