La Cautiva
La Cautiva Si el que imita a otra no es poeta, menos será el que, antes de darlo a luz, mutila su concepto para poderlo embutir en un patrón dado, pues esta operación mecánica prueba carencia de facultad generatriz. La forma artística esta como asida al pensamiento, nace con él, lo encarna y le da propia y característica expresión. Por no haber alcanzado este principio, los preceptistas han clasificado la poesía, es decir, lo mas intimo que produce la inteligencia, como el mineralogista los cristales, por su figura y apariencia externa; y han inventado porción de nombres que nada significan, como las églogas, idilios etc., y aplicándolo cada uno de los géneros especiales en que la subdividieron. Para ellos y su secta la poesía se reduce a imitaciones y modelos, y todo el labor del poeta debe ceñirse componer algo que amoldándose y algún ejemplar conocido sea digno de entrar en sus arbitrarias clasificaciones, so pena de cerrarle, si contraviene, todas las puertas y resquicios de su parnaso. Así fue como, preocupados con su doctrina, la mayor parte de los poetas españoles se empeñaron únicamente en llenar tomos de idilios, églogas, sonetos, canciones y anacreónticas; y malgastaron su ingenio en lindas trivialidades que empalagan, y no dejan rastro alguno en el corazón o el entendimiento.