La Cautiva
La Cautiva No hay, pues, sin ritmo poesía completa. Instrumento del arte debe en manos del poeta, armonizar con la inspiración, y ajustar sus compases al vario movimiento de los afectos. De aquí nace la necesidad de cambiar a veces de metro, para retener o acelerar la voz, y dar, por decirlo así, al canto, las entonaciones conformes al efecto que se intenta producir.
El “Himno al dolor” y los “Versos al corazón” son de la época de Los Consuelos, o melodías de la misma lira. Aun cuando parezcan desahogos del sentir individual, las ideas que contienen pertenecen a la humanidad; puesto que el corazón del hombre fue formado de la misma sustancia y animado por el mismo soplo.