La Cautiva
La Cautiva con la fatÃdica voz.
Se puso el sol; parecÃa
que el vasto horizonte ardÃa:
la silenciosa llanura
fue quedando más oscura,
más pardo el cielo, y en él,
con luz trémula brillaba
una que otra estrella, y luego
a los ojos se ocultaba,
como vacilante fuego
en soberbio chapitel.
El crepúsculo, entretanto,
con su claroscuro manto,
veló la tierra; una faja,
negra como una mortaja,
el occidente cubrió;
mientras la noche bajando
lenta venÃa, la calma
que contempla suspirando
inquieta a veces el alma,
con el silencio reinó.
Entonces, como el rüido,
que suele hacer el tronido
cuando retumba lejano,
se oyó en el tranquilo llano
sordo y confuso clamor:
se perdió… y luego violento,