La Cautiva
La Cautiva derramando por la esfera
de su rubia cabellera
el desmayado fulgor.
Sereno y diáfano el cielo,
sobre la gala verdosa
de la llanura, azul velo
esparcÃa, misteriosa
sombra dando a su color.
El aura moviendo apenas
sus alas de aromas llenas,
entre la hierba bullÃa
del campo que parecÃa
como un piélago ondear.
Y la tierra, contemplando
del astro rey la partida,
callaba, manifestando,
como en una despedida,
en su semblante pesar.
Sólo a ratos, altanero
relinchaba un bruto fiero
aquà o allá, en la campaña;
bramaba un toro de saña,
rugÃa un tigre feroz;
o las nubes contemplando,
como extático y gozoso,
el yajá[13]… de cuando en cuando,
turbaba el mudo reposo