La Cautiva
La Cautiva un asesino: echan fuego
sus ojos de ira; mas luego
se siente libre, y se calma,
y dice: –¿Eres alguna alma
que pueda y deba querer?
¿Eres espÃritu errante,
ángel bueno, o vacilante
parto de mi fantasÃa?
–Mi vulgar nombre es MarÃa,
ángel de tu guarda soy;
y mientras cobra pujanza,
ebria la feroz venganza
de los bárbaros, segura,
en aquesta noche obscura,
velando a tu lado estoy;
nada tema tu congoja–.
Y enajenada se arroja
de su querido en los brazos,
le da mil besos y abrazos,
repitiendo: –Brián, mi Brián–.
La alma heroica del guerrero
siente el gozo lisonjero
por sus miembros doloridos
correr, y que sus sentidos
libres de ilusión están.
Y en labios de su querida
apura aliento de vida,