La Cautiva
La Cautiva –Y en esta noche sombrÃa
¿quién nos servirá de guÃa?
–Brián, ¿no ves allá una estrella
que entre dos nubes centella
cual benigno astro de amor?
Pues ésa es por Dios enviada,
como la nube encarnada
que Israel vio prodigiosa;
sigamos la senda hermosa
que nos muestra su fulgor,
ella del triste desierto
nos llevará a feliz puerto–.
Ellos van. Solas, perdidas,
como dos almas queridas,
que amor en la tierra unió;
y en la misma forma de antes,
andan por la noche errantes,
con la memoria hechicera
del bien que en su primavera
la desdicha les robó.
Ellos van. Vasto, profundo
como el páramo del mundo
misterioso es el que pisan.
Mil fantasmas se divisan,
mil formas vanas allÃ,
que la sangre joven hielan:
mas ellos vivir anhelan.