La Cautiva
La Cautiva Temerosos del salvaje,
acogiéronse al abrigo
de aquel pajonal amigo,
para de nuevo su viaje
por la noche continuar;
descansar allà un momento,
y refrigerio y sustento
a la flaqueza buscar.
Era el adusto verano.
Ardiente el sol como fragua,
en cenagoso pantano
convertido habÃa el agua
allà estancada, y los peces,
los animales inmundos
que aquel bañado habitaban
muertos, al aire infectaban,
o entre las impuras heces
aparecÃan a veces
boqueando moribundos,
como del cielo implorando
agua y aire: aquà se vÃa
al voraz cuervo, tragando
lo más asqueroso y vil;
allà la blanca cigüeña,
el pescuezo corvo alzando,
en su largo pico enseña
el tronco de algún reptil;