La Cautiva
La Cautiva más allá se ve el carancho,
que jamás presa desdeña,
con pico en forma de gancho
de la expirante alimaña
sajar la fétida entraña.
Y en aquel páramo yerto,
donde a buscar como a puerto
refrigerio, van errantes
Brian y María anhelantes,
sólo divisan sus ojos,
feos, inmundos despojos
de la muerte. ¡Qué destino
como el suyo miserable!
Si en aquel instante vino
la memoria perdurable
de la pasada ventura
a turbar su fantasía
¡cuán amarga les sería!
¡cuán triste, yerma y obscura!
Pero con pecho animoso
en el lodo pegajoso
penetraron, ya cayendo,
ya levantando o subiendo
el pie flaco y dolorido;
y sobre un flotante nido
de yajá ¡columna bella,
que entre la paja descuella,