La Cautiva
La Cautiva la nueva luz esperad.
La noche cubierta, en tanto
camina en densa tiniebla,
y en el abismo de espanto,
que aquellos páramos puebla,
ambos perdidos se ven.
Parda, rojiza, radiosa,
una faja luminosa
forma horizonte no lejos;
sus amarillos reflejos
en lo obscuro hacen vaivén.
La llanura arder parece,
y que con el viento crece,
se encrespa, aviva y derrama
el resplandor y la llama
en el mar de lobreguez.
Aquel fuego colorado,
en tinieblas engolfado,
cuyo resplendor vaga horrendo,
era trasunto estupendo
de la inferna terriblez.
Brián, recostado en la yerba,
como ajeno de sentido,
nada ve. Ella un rüido
oye; pero sólo observa
la negra desolación,
o las sombrías visiones