La Cautiva
La Cautiva ni cree se atreva la muerte
a sofocar el aliento
que hace vivir a los dos;
porque de su llama intensa
es la vida tan inmensa,
que a la muerte vencería,
y en sí eficacia tendría
para animar como Dios.
El amor es fe inspirada;
es religión arraigada
en lo íntimo de la vida.
Fuente inagotable, henchida
de esperanza, su anhelar
no halla obstáculo invencible
hasta conseguir victoria;
si se estrella en lo imposible
gozoso vuela a la gloria
su heroica palma a buscar.
María no desespera,
porque su ahínco procura
para lo que ama ventura,
y al infortunio supera
su imperiosa voluntad.
Mañana –el grito constante
de su corazón amante
le dice–, mañana el cielo
hará cesar tu desvelo;