La Cautiva
La Cautiva y con el otro sustenta,
a flor, el cuerpo de Brián.
Aran las corrientes unidos
como dos cisnes queridos
que huyen de águila cruel,
cuya garra, siempre lista,
desde la nube se alista
a separar su amor fiel.
La suerte injusta se afana
en perseguirlos. Ufana
en la orilla opuesta el pie
pone MarÃa triunfante,
y otra vez libre a su amante
de horrenda agonÃa ve.
¡Oh, del amor maravilla!
En sus bellos ojos brota
del corazón, gota a gota,
el tesoro sin mancilla,
celeste, inefable unción;
sale en lágrimas deshecho
su heroico amor satisfecho;
y su formidable cresta
sacude, enrosca y enhiesta
la terrible quemazón.
Calmó después el violento
soplar del airado viento:
el fuego a paso más lento