La Cautiva
La Cautiva que en tan horrendo suplicio
no debían perecer;
y que otra vez de la muerte
inexorable, amor fuerte
triunfase, amor de mujer.
Súbito ella se incorpora;
de la pasión que atesora
el espíritu inmortal
brota en su faz la belleza
estampando fortaleza
de criatura celestial,
no sujeta a ley humana;
y como cosa liviana
carga el cuerpo amortecido
de su amante, y con él junto,
sin cejar, se arroja al punto
en el arroyo extendido.
Cruje el agua, y suavemente
surca la mansa corriente
con el tesoro de amor;
semejante a ondina[24] bella,
su cuerpo airoso descuella,
y hace, nadando, rumor.
Los cabellos atezados,
sobre sus hombros nevados,
sueltos, reluciendo van;
boga con un brazo lenta,