La Cautiva
La Cautiva y abrumada de tristeza,
al cabo a sentir empieza
su abandono y soledad.
Echa la vista delante,
y al aspecto de su amante
desfallece su heroísmo;
la vuelve, y hórrido abismo
mira atónita detrás.
Allí apura la agonía
del que vio cuando dormía
paraíso de dicha eterno,
y al despertar, un infierno
que no imaginó jamás.
En el empíreo nublado
flamea el sol colorado,
y en la llanura domina
la vaporosa calina,
el bochorno abrasador.
Brian sigue inmoble; y María,
en formar se entretenía
de junco un denso tejido,
que guardase a su querido
de la intemperie y calor.
Cuando oyó, como el aliento
que al levantarse o moverse
hace animal corpulento,
crujir la paja y romperse