La Cautiva
La Cautiva El interés de Echeverría por la poesía data del período en que vivió en Francia, fue en París en donde, además de sus estudios y lecturas formativas, se dedica a leer a los clásicos españoles del Siglo de Oro y, después de muchos esfuerzos, dice él mismo en un texto autobiográfico, logró manejar el verso en la lengua castellana. Sin embargo, años después, ya en su país, será cuando se inicie como poeta y publique sus primeros poemas, adoptando los modelos románticos a las circunstancias históricas va a elaborar su obra de mayor significación. Con la aparición de Elvira o La novia del Plata (1832), inaugura de alguna manera ya el Romanticismo en nuestra literatura. Sin embargo, su programa estético se concreta, como decíamos, con más claridad en Los consuelos y La cautiva. Si bien el rechazo por la poesía neoclásica y la propuesta de los postulados románticos es lo nuevo, el rol del escritor y la concepción cívica o ética de la poesía es semejante a la de los poetas de la Independencia. En este período –y en todo el siglo XIX – la literatura y el arte dadas las circunstancias históricas no se conciben en el Río de la Plata de otra forma que subordinados a una dinámica política –la literatura no es una actividad específica, el escritor está lejos de alcanzar la profesionalización que comienza a darse durante el Romanticismo en Europa–y es por eso que autores como Echeverría, Alberdi o Mármol de algún modo se inclinan por una versión del Romanticismo rioplatense más cercana a la tendencia social del Romanticismo europeo. Se podría afirmar que Echeverría realiza una “traducción” del modelo estético de la poesía romántica europea a las circunstancias sociales y culturales de la sociedad argentina, en el sentido de apropiación y reelaboración de un modelo estético de otra cultura, como lo entiende Iuri Lotman[4]. Ya en el epílogo de Los consuelos, Echeverría manifiesta su concepción de la poesía: