La Cautiva
La Cautiva Vive, vive para tu hijo,
Dios te impone ese deber.
Sigue, sigue al occidente
tu trabajosa jornada;
adiós, en otra morada
nos volveremos a ver.
Calló Brian, y en su querida
clavó mirada tan bella,
tan profunda y dolorida,
que toda el alma por ella
al parecer exhaló.
El crepúsculo esparcía
en el desierto luz mustia.
Del corazón de María,
el desaliento y angustia,
sólo el cielo penetró.