La Cautiva
La Cautiva oye la voz peregrina
que te viene a socorrer.
¡Oh, ave de la pampa hermosa,
cómo te meces ufana!
Reina, sí, reina orgullosa
eres, pero no tirana
como el águila fatal.
Tuyo es también del espacio
el transparente palacio.
Si ella en las rocas se anida,
tú en la esquivez escondida
de algún vasto pajonal.
De la víctima el gemido,
el huracán y el tronido
ella busca, y deleite halla
en los campos de batalla.
Pero tú, la tempestad,
día y noche vigilante,
anuncias al gaucho errante;
tu grito es de buen presagio
al que asechanza o naufragio
teme de la adversidad.
Oye sonar en la esfera
la voz del ave agorera:
oye, María, infelice;
alerta, alerta, te dice;
aquí está tu salvación.