La Cautiva
La Cautiva ¿No la ves cómo en el aire
balancea con donaire
su cuerpo albo-ceniciento?
¿No escuchas su ronco acento?
Corre a calmar tu aflicción.
Pero nada ella divisa,
ni el feliz reclamo escucha;
y caminando va aprisa.
El demonio con que lucha
la turba, impele y amaga.
Turbios, confusos y rojos
se presentan a sus ojos
cielo, espacio, sol, verdura,
quieta, insondable llanura
donde sin brújula vaga.
Mas, ¡ah! que en vivos corceles
un grupo de hombres armados
se acerca. ¿Serán infieles,
enemigos? No, soldados
son del desdichado Brián.
Llegan; su vista se pasma;
ya no es la mujer hermosa,
sino pálido fantasma;
mas reconocen la esposa
de su fuerte capitán.
¡CreÃanla cautiva o muerta!
Grande fue su regocijo.