La Cautiva
La Cautiva Ella los mira, y despierta:
–¿No sabéis qué es de mi hijo?–
con toda el alma exclamó.
Tristes mirando a MarÃa
todos el labio sellaron.
Mas luego una voz impÃa:
–Los indios lo degollaron–
roncamente articuló.
Y al oÃr tan crudo acento,
como quiebra el seco tallo
el menor soplo de viento
o como herida del rayo
cayó la infeliz allÃ.
Viéronla caer, turbados,
los animosos soldados.
Una lágrima le dieron,
y funerales la hicieron
dignos de contarse aquÃ.
Aquella trama formada
de la hebra más delicada,
cuyo espÃritu robusto
lo más acerbo e injusto
de la adversidad probó,
un soplo débil deshizo.
Dios para amar, sin duda, hizo
un corazón tan sensible;
palpitar le fue imposible