La Cautiva
La Cautiva cuando a quien amar no halló.
Murió MarÃa. ¡Oh, voz fiera!
¡Cuál entraña te abortara!
Mover al tigre pudiera
su vista sola, y no hallara
en ti alguna compasión,
tanta miseria y conflito
ni aquel su materno grito;
y como flecha saliste,
y en lo más profundo heriste
su anhelante corazón.
Embates y oscilaciones
de un mar de tribulaciones
ella arrostró; y la agonÃa
saboreó su fantasÃa;
y el punzante frenesÃ
de la esperanza insaciable
que en pos de un deseo vuela,
no alcanza el blanco inefable;
se irrita en vano y desvela;
vuelve a devorarse a sÃ.
Una a una, todas bellas,
sus ilusiones volaron,
y sus deseos con ellas.
Sola y triste la dejaron
sufrir hasta enloquecer.
Quedaba a su desventura