Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Ante este giro inesperado de los acontecimientos, Thak Chan se quedó tan consternado y perplejo que, aun cuando no era más que un pobre cazador, se atrevió a alzar la voz para protestar ante Chal Yip Xiu, el ah kin mai.
—Pero, el más sagrado de los hombres —dijo—, deberÃas haber visto las cosas que ha hecho. DeberÃas haber visto la gran bestia que estaba a punto de devorarme y cómo él ha saltado sobre su lomo y la ha matado; nadie más que un dios habrÃa podido llevar a cabo semejante acción. Si hubieras visto esto y los dos dioses terrenales que le acompañaban, sabrÃas que en verdad ha de ser Che, Señor del Bosque.
—¿Quién eres tú? —preguntó Chal Yip Xiu con una voz terrible.
—Soy Thak Chan, el cazador —respondió mansamente el ahora asustado hombre.
—Entonces, limÃtate a cazar, Thak Chan —le advirtió Chal Yip Xiu—, o acabarás en el bloque de los sacrificios o en las aguas del pozo sagrado. Vete.
Thak Chan se marchó; se escabulló como un perro con el rabo entre las patas.
