Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Krause y sus compañeros no habĂan caminado dos dĂas para alejarse del campamento de los náufragos, como Tarzán les habĂa ordenado que hicieran. Solo habĂan recorrido unos seis o siete kilĂłmetros costa arriba, donde habĂan acampado junto a otro riachuelo que iba a parar al ocĂ©ano. Formaban un grupo amargado y enojado cuando se sentaron en cuclillas desconsolados en la playa y comieron la fruta que habĂan hecho coger a los lascares. Estuvieron sudando y echando humo un par de dĂas e hicieron planes y se pelearon. Krause y Schmidt querĂan mandar, y Schmidt ganĂł porque Krause era el mayor cobarde y tenĂa miedo de aquel loco. Abdullah Abu NĂ©jm se sentĂł aparte; les odiaba a todos. Oubanovitch hablaba mucho en un tono de voz elevado y defendĂa que todos deberĂan ser camaradas y nadie deberĂa mandar. Los mantenĂa juntos un solo hilo de interĂ©s comĂşn: su odio a Tarzán, porque les habĂa echado sin armas ni municiĂłn.
—PodrĂamos regresar por la noche y robar lo que necesitamos —sugiriĂł Oubanovitch.
—He estado pensando lo mismo —dijo Schmidt—. Regresa ahora, Oubanovitch, y haz un reconocimiento del terreno. Puedes ocultarte en la jungla justo fuera de su campamento y obtener un buen plano del terreno, para que sepamos exactamente dónde guardan los rifles.
—Ve tú mismo —replicó Oubanovitch—, no puedes darme órdenes.
