Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Los cazadores habĂan regresado y los europeos se reunieron para oĂr su historia. Cuando hubieron terminado, el coronel gruñó.
—Eso es todo —dijo—; no habrá más caza en la jungla; nadie tendrĂa ninguna posibilidad contra un tigre o un leĂłn en esa maraña de maleza.
—Todo es culpa tuya, William —espetĂł miss Leigh—; deberĂas haber tomado el mando absoluto; no deberĂas haber permitido que el salvaje soltara a esas bestias con nosotros.
—TodavĂa creo que fue una acciĂłn muy noble —replicĂł el coronel—, y no olvides que era tan peligroso para Ă©l como para nosotros. Que sepamos, es posible que a ese pobre diablo ya le haya matado una de ellas.
—Y le estará bien empleado —dijo miss Leigh—; cualquiera que vaya por ahà de la forma en que él lo hace, en presencia de damas, no tiene por qué vivir; al menos entre gente decente.
—Creo que ese tipo era muy correcto —dijo el coronel—, y no olvides, Penelope, que de no ser por Ă©l probablemente estarĂamos en una situaciĂłn mucho peor de la que estamos ahora.
—No olvides, tĂa Penelope, que Ă©l te rescatĂł del SaigĂłn.
—Hago todo lo posible por olvidarlo —concluyó miss Leigh.