Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Transcurridos dos dÃas sin que Chuldrup hubiera regresado, Schmidt envió a otro lascar a la jungla con órdenes de ir al campamento de Tarzán y obtener información sobre las armas y la munición.
Los lascares habÃan montado un campamento separado, a poca distancia del que ocupaban Schmidt, Krause, Oubanovitch y el árabe. HabÃan estado muy ocupados, pero ninguno de los cuatro hombres del campamento menor les habÃa prestado atención alguna, limitándose a llamar a alguno cuando querÃan dar alguna orden.
El segundo hombre al que Schmidt habÃa enviado a la jungla jamás regresó. Schmidt estaba furioso, y al tercer dÃa ordenó que fueran dos hombres. Estos permanecieron ante él con aire hosco, escuchándole. Cuando hubo terminado, se dieron la vuelta y regresaron a su campamento. Schmidt les observó; vio que se sentaban con sus compañeros. Esperó un momento para ver si se marchaban, pero no lo hicieron. Entonces se dirigió hacia su campamento rojo de ira.
—Ya les enseñaré yo —masculló—; les enseñaré quién es el jefe aquÃ…, esos pobres diablos morenos. —Pero cuando se aproximaba a ellos, quince lascares se pusieron en pie para hacerle frente, y vio que iban armados con arcos y flechas y lanzas de madera. He aquà el trabajo que les habÃa mantenido tan ocupados durante tantos dÃas.
