Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Cuando Tarzán y Janette salieron de la jungla y se aproximaban al campamento, fueron saludados por un grupo desesperado y descorazonado. Solo uno de sus miembros mostró su agradecimiento. Era Penelope Leigh. Cuando les vio, dijo a Algy:
—Al menos Patricia no estaba con esa criatura.
—Oh, vamos, tĂa Pen —dijo Algy con impaciencia—; supongo que ahora dirás que Tarzán y Janette organizaron todo esto para poder reunirse en la jungla.
—No me habrĂa sorprendido nada —replicĂł miss Leigh—. Un hombre que se lĂa con una india es capaz de hacer cualquier cosa.
Tarzán estaba disgustado por todo lo que habĂa su cedido durante su ausencia, en gran parte porque habĂan desobedecido sus Ăłrdenes, pero se limitĂł a decir:
—No se les deberĂa haber permitido acercarse a este campamento a menos distancia de un tiro de pistola.
—Fue culpa mĂa —reconociĂł sin ambages el coronel Leigh—; lo hice en contra de mi mejor criterio, porque parecĂa inhumano hacerles volver allĂ sin armas, con una fiera devoradora de hombres merodeando por su campamento.
