Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos El Saigón atravesó el océano Índico hasta Sumatra, donde Krause subió a bordo dos elefantes, un rinoceronte, tres orangutanes, dos tigres, una pantera y un tapir. Temiendo que De Groote hiciera efectiva su amenaza de denunciar ante las autoridades de Batavia que llevaban un cautivo humano, Krause no hizo escala allí como tenía previsto, sino que prosiguió hasta Singapur a por monos, otro tigre y varias boas constrictor; luego el Saigón navegó por el mar de la China Meridional hacia Manila, su última parada en el largo avance hasta el canal de Panamá.
Krause estaba encantado; hasta ahora todos sus planes habían salido a las mil maravillas; y si llevaba su carga a Nueva York, esperaba sacar unos beneficios excelentes. Tal vez no habría estado tan satisfecho si hubiera sabido todo lo que ocurría a bordo del Saigón. Larsen seguía confinado en su camarote, y aunque De Groote era un buen oficial, era joven; y nuevo a bordo del barco. Igual que Krause, no conocía todo lo que se hablaba en el camarote de la tripulación y en cubierta, por la noche, cuando Schmidt hacía guardia. En estas ocasiones, el segundo de a bordo hablaba mucho y con impaciencia con Jabu Singh, el lascar; y hablaba en susurros. Después, Jabu Singh hablaba mucho y con impaciencia con los otros lascares del camarote de la tripulación.
