Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Tendrían que transcurrir dos días hasta que el hilo que empezó con Horace Brown en Chicago, y ya estaba empapado en un punto con la sangre de Horace Brown, se alargara y fuera a parar a Tarzán, que odiaba las hienas, en África. El tercer día encontró a Tarzán de los Monos siguiendo el rastro fresco del inglés, Cecil Giles-Burton. Entonces el destino jugó una extraña baza.
Cecil Giles-Burton, que hasta entonces jamás había puesto un pie en África, cruzó sin sufrir daño alguno el país de los salvajes buiroos; pero Tarzán de los Monos, nacido y criado en esta tierra y que la conocía a la perfección, fue objeto de una emboscada, resultó herido y lo capturaron.
Sucedió así: Tarzán se estaba aproximando a la jungla en la dirección del viento; por lo tanto, el rastro de olor de cualquier vida que hubiera por delante de él no podía llegar a su sensible olfato. De este modo, no pudo saber que una veintena de guerreros buiroo avanzaban por la jungla en su dirección. Estaban cazando, se movían en silencio, de forma que Tarzán ni les oyó ni les olió mientras se le acercaban.
